A 90 kilómetros del Cusco y a una hora aproximadamente de Yucay se encuentra Mollepata, uno de los distritos de la provincia de Anta,antes de arribar a este destino se recorren los poblados de Anta, Ancahuasi y Limatambo, territorio donde los incas tuvieron que luchar audazmente contra los aguerridos Chancas que pugnaban por el poder supremo pero que, finalmente, fueron derrotados a manos de quien forjaría el destino del Imperio Inca (Pachacútec).
Mollepata posee además de una esplendorosa producción agrícola, un circuito turístico que permite al visitante una variedad de experiencias, desde la más íntima y tranquila hasta la más intensa y avezada. Si bien este distrito recibe miles de turistas al año, la mayoría solo permanece uno o dos días en el lugar ya que su objetivo es llegar a Machu Picchu. Son pocos los afortunados que se detienen a apreciar lo que se está convirtiendo en una nueva ruta de turismo vivencial, ya sea si se quiere llegar hasta la ciudadela Inca o simplemente adentrarse en los valles de aire limpio con aroma a eucalipto.
Se puede ir recorriendo uno a uno los poblados que conducen hasta Machu Picchu, por lo cual es necesario bordear el nevado Salkantay. Esta ruta, ideal para los amantes del trekking, se presenta como una espléndida alternativa al Camino Inca, ya que en su recorrido nos enfrentamos a paisajes inefables, lagunas como espejos inmensos, los imponentes nevados Humantay y Salkantay , pero lo más interesante de esta antigua ruta inca, que es la progresión de los diversos pisos ecológicos, que va desde la cadena de montañas andinas donde se pueden aprovechar algunas fuentes de aguas termales, hasta la ceja de selva.
Sin embargo, lo más apreciable es poder convivir en cada uno de estos pueblos con los lugareños que si bien vienen construyendo una infraestructura adecuada para alojar a los turistas, ofrecen a los visitantes hospedarse en alguna de sus casas y compartir con ellos experiencias, con el conocimiento y la sabiduría que solo este tipo de cercanía permite. Despertar con el canto del gallo, tomar un nutritivo desayuno, ordeñar las vacas, arar la tierra y conversar sobre la vida, conocer las leyendas, mitos, etc. con la que los lugareños llevan de tradición en tradición, lo cual todo estas experiencias posee un valor que no se cuenta en dinero.
Fuente: www.elcomercio.pe